Todo comenzó en el génesis de una tibia mañana santiaguina. María, al despertar luego de una fiebre de cumbia por la noche, notó que algo andaba mal. Las nauseas seguían aún pasada la caña y el martilleo constante en su cabeza no la dejaba concentrarse en la teleserie. Sus amigas, que se mantuvieron toda la noche celosas del coqueteo de ella y José “el carpintero”, le contaron de cómo él se la llevo al baño y que de tanto que gritó terminó por romper los vidrios, la radio y hasta parte del techo. María, para soportar el bochorno, tomó un rol de madre soltera tan preponderante, tan extremo, que hasta en cierta ocasión se atrevió a decir que “a veces los niños vienen solos al mundo, sobre todo en estos días tan tristes”. Así pasaron los interminables 9 meses, y un 25 de diciembre nació nuestro Jesucito.
Al no tener plata para los estudios, María lo puso a vender “Súper 8” y “Chocman” en las esquinas, pero luego de varios atropellos y una pierna rota creyó que correría mejor suerte en casa, ayudando con las labores. Pero Jesús era inquieto y gozaba de una imaginación sin límites. Partió haciendo trucos con cartas a los otros niños del barrio, haciéndolos perder lo poco que tenían y comprándose sus primeras revistas porno. Engañaba a los viejos curagüillas vendiéndoles agua por vino y más de una vez vació los bolsillos ajenos con el viejo truco de “caminar sobre el agua estancada”. Su negocio iba de maravilla, pero tomaría un cambio brusco desde aquel 13 de septiembre. Caminando por paseo huérfanos, pasó horas y horas observando cuán fastuoso podía ser el negocio del “palo blanco”. Sin pensarlo más, confeccionó su propio “stand” (sangre carpintera, no reconocido por el padre pero al final es la misma hueá) y se hizo conocido por timar a cuanto transeúnte pasara por delante.
El problema, que más tarde lo llevaría a la cima, comenzó cuando Rony, el mafioso más buscado de la zona, fue timado por su juego. El “3 cuchillos”, como le decían por haber sobrevivido a tres puñaladas consecutivas, se dio cuenta de las marañas de Jesús y mandó a recuperar la plata perdida. Pero nuestro “profeta” del juego era una garza, y escapaba a cuanto matón mandaba a atraparlo. Así se mantuvo semanas completas, viviendo al filo del peligro, sintiendo sus pasos y su respiración de toro rabioso a cada momento. Hasta que un día, luego de una curadera de Cristal y Don Toco sin discreción, Jesucito fue encontrado en Matta con San Diego tirado sobre una vereda y bañado en su propio vómito. Rony no podía perdonar la injuria desatada sobre su persona y mandó a construir una cruz de palo para hacer de su castigo uno ejemplar. Pero llegada la hora, cuando todos esperaban la orden de martillar al fulano en el objeto a la usanza romana, Rony gritó encolerizado “¡Nada de clavos, métansela por la raja!”. El impacto fue mortal, y cada centímetro de aquella cruz quedaría marcado en su pupila por el resto de sus días. Y si amigos, aunque no lo crean, luego de 3 días sin pararse nuestro protagonista resucitó su ano y convino en una solución a sus problemas de dinero: sería el mejor travesti de la ciudad.
Al comienzo la gente lo repudiaba, porque aunque su larga cabellera lo hacía prácticamente una mujer, su barba no afeitada daba más bien la apariencia de un monstruo de circo. Pero luego de sus primeros clientes, Jesús notó que su habilidad para engatusar con concejos inútiles y profecías banas (a lo mero horóscopo Chino) ayudaban tanto a los consumidores que a veces volvían solo para tener un momento a solas apoyados en su pecho, llorando y desconsolando sus horripilantes almas. Así comenzó a ganar una fama exuberante, primero con la clase media y luego con la socialité más fina de todo Santiago. Cientos de artistas del medio, políticos adinerados y grandes empresarios comenzaron a pedir sus servicios, y poco a poco se fue enterando de todos los chismes de la ciudad: que Piñera jalaba como diablo, que Farkas tenía 3 islas llenas de negros esclavos y que Sarita Vásquez, luego de reiteradas cirugías, había creado un robot idéntico a ella al cual habían insertado su cerebro, escapando del estropajo arruinado de su cuerpo.
Al no poder estar en todas partes al mismo tiempo (su clientela estaba desbordante) creó una agencia clandestina con ayuda de sus más influyentes amistades. La llamó “Los doce apóstoles”, pues doce eran los travestis que asistían a casas ajenas cumpliendo la labor indicada, y doce eran las lucas que costaba el trabajo. Esta fue su época de mayor esplendor, en la cual gracias a la ayuda de un crédito “Pymes” logró recaudar tanto dinero que cambió todos sus dientes por una placa de oro puro. Pero como siempre sucede en estas cosas, Jesús cayó en el extravagante y atrayente mundo de las drogas. Partió con pasta, en grandes cantidades, hasta que en una fiesta gay en patronato conoció el atractivo sabor del LSD. Comenzó a tener visiones escalofriantes de la vida, y se le podía ver recorriendo las calles santiaguinas, gritando sobre el fin del mundo al que llamaba “Apocalípsis”. Perdió clientes, amigos, influencias, y finalmente dinero. Quedó en la ruina, tirado en la calle, abandonado al mal augurio que lo seguiría por el resto de su puta vida.
Así llegamos al termino de esta historia, de enfermedades venéreas y sábanas sucias, de sudor burgués y sexo capitalista. ¿Sobre qué pasó con Jesús? Todavía se le puede ver en las calles, vagando sin rumbo con su pelo rubio y su escote descomunal, con una cruz en el pecho y fumando pasta. Y tal vez, si tienes suerte, un día se acercará a la ventana de tu auto y dirá sin reparos ni vergüenzas “te la chupo por luca y una ostia”.


