- ¿De dónde eres, caballero selvático? - preguntó a la esquizofrénica criatura, mientras se balanceaba en las ramas sobre su cabeza-.
- Yo vengo de la tierra y de Gaia, de las urbes y las bicicletas: soy un mono y un ejecutivo, un primate y un político, mezcla ensoñadora de las masas confundidas. Traigo la nueva noticia, el evangelio perdido de la salvación humana. Vengo a arreglar la profecía inconclusa, la evolución quebrada, yo soy el genoma humano, yo soy el éter puro. Y que no te confundas con el paquete, puesto que de mono quien sabe cuán poco tengo - respondió el extraño ser, cerrando levemente los ojos para atraer aires de grandeza-.
Comenzó a bajarse del árbol en el que estaba encaramado. Caminó pensativo hacia el noble, y con sus peludas y menudas manos lo agarró de un brazo. En respuesta, su cuerpo empezó a expulsar un sudor helado, denso, parecido más a la sangre que al agua. Apenas podía moverse y sus labios, tratando de decir algo, se arrugaban como papel mojado. Las garras se mostraron una a una saliendo de los dedos enemigos, desafiantes, dejando en claro de que cuando de orgullo se trata, las cosas se ponen serias.
A la semana siguiente fue encontrado el cuerpo del niño. Trozado, eso sí le faltaban los dedos de las manos.
"Parece que el instinto batió a la razón" comentó el medico forense en la morgue.
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